
Inundado y encharcado de prejuicios emerge el ego en mi cabeza. Atado, de pies y manos he saltado en el vacío de mi absorta identidad. Travestida el alma en tu mirada, subastada e ingenua, copula en llamas, deseosa la ira sobre mi...
Condenado a morir, el cielo me cortó las alas, en el sueño. Y en la inmensidad del universo desaté mis pies y mis manos, y tracé un milagro despertando en ti!
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